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Gloria Elena Espinoza de Tercero: El sueño del ángel como discurso apocalíptico


Por: Presentación al alimón entre la Dra. María Amoretti Hurtado y el Dr. Jorge Chen Sham

Ambos profesores (Ph.D.) de la Universidad de Costa Rica (UCR)


M.A. -Mijail Bajtín es un pensador ruso bastante descarado y muy claro para hablar, al señalar que, de todos los géneros literarios, el mejor es la novela y punto. No es de aguas tibias o de paños tibios, o como lo quieran llamar; para él el género más importante es la novela. ¿Por qué la novela es el género más importante? Es muy duro decirlo, ¿verdad?, sobre todo en la sociedad nicaragüense; ¿qué dirían los poetas? Pero él es un hombre claro en su posición; dice que de todos los géneros literarios, la novela es el género que más se acerca a su contemporaneidad, a su momento histórico. Por esa misma razón, para él, la novela es el género más maleable de todos los géneros, el que tiene una mayor evolución y el que vive transformándose continuamente porque para ajustarse a la realidad cambiante tiene que estarse metamorfoseando.

J.Ch. -De eso se trata, Mijal Bajtín planteaba que la novela es una forma multiforme, heteroglósica, proteica, maleable, porque se transforma constantemente en devenir, teniendo como horizonte de espera las implicaciones sociohistóricas y dando una respuesta a la sociedad a la que pertenece, tanto al escritor como a sus lectores contemporáneos del primer circuito de recepción.

M.A. -Es tan proteica que en muchos casos la novela de hoy ya no la reconoce uno, se convierte en un enredijo en el que es peligroso perderse. Bajtín dice que en realidad el gran tema de la novela es la novela misma. Que lo que se noveliza es la forma de la novela y en ese sentido, la novela hace estos reajustes de la forma para poder expresar la realidad en su devenir, en su movimiento. También Bajtín afirma que la novela cumple una función didáctica y es la de anticiparnos el futuro, anticiparnos lo que viene, y enseñarnos a vivir en esa realidad. Desde este punto de vista, yo creo que ante un texto, especialmente como en este caso, en el de la novela El sueño del ángel, la pregunta básica, sería: ¿por qué esta novela y no otra?, ¿por qué Gloria Elena de Tercero escribe esta novela y no otra?

J.Ch. -Habría que plantear algo que muchas veces hemos oído pero que aquí tiene su relevancia. Siguiendo a Bajtín, Gloria Elena es hija de su tiempo y ya lo ha demostrado muy bien con su primera novela La casa de los Mondragón, ubicándola precisamente en este espacio biográfico y coordenadas sociales que es León.

M.A. -De este modo, El sueño del ángel es como una segunda parte, Jorge, de la novela La casa de los Mondragón, ¿qué te parece? ¿Se puede pensar que es una continuación, una segunda parte?

J.Ch. -En algún sentido sí; es continuación porque sigue desarrollando la indagación del espacio leonés, pero con la salvedad de que La casa de los Mondragón desarrollaba las coordenadas del León finisecular del siglo decimonónico; ahora estamos ante la presencia de otro fin de siglo con cara hacia un nuevo milenio. En esta segunda novela hay también una visión finisecular, pero del León del siglo XX. Hay otro elemento muy interesante si vemos el núcleo diegético del relato, León ahora está atravesado por una coordenada histórica en su verticalidad. Esa coordenada que atraviesa toda la novela es la historia de los últimos 50 años de Nicaragua. Precisamente, por eso, se amplifica el circuito -digámoslo así-, de percepción y de visualización en esta novela.

M.A. -Sin embargo, la autora me ha dicho que jamás pensó escribir una novela histórica. León tiene un númen, tiene un no se qué. Yo caí rendida enamorada de esta ciudad -y mucho se lo debo a las dos novelas de Gloria Elena-. Tiene razón León de haberla nombrado su hija dilecta, porque en realidad, a través de la literatura de Gloria Elena, esta ciudad ha adquirido una trascendencia literaria que tal vez -seguro aquí voy a cometer un pecado, y si lo cometo me perdonan-, sus poetas no se lo han dado. León es un personaje fundamental en las novelas de Gloria Elena. León como espacio social, como espacio político-social y figurativo.

J.Ch. -Cuando entendemos que aparece el espacio de León como personaje de la novela, no se trata de la simple descripción arqueológica, eso hay que tenerlo muy claro. Los elementos que la narradora omnisciente va describiendo, los detalles de la idiosincracia de ese ser pueblerino, las aristas de los edificios, el clima, no están de más en el espacio novelesco que crea Gloria Elena; todo lo contrario, son elementos figurativos de una gran significación porque precisamente están dándole vida a esta ciudad.

M.A. -Sí, a veces me da la impresión de que León se va constituyendo en las obras de Gloria Elena como en una especie de Macondo nicaragüense. Todo eso que acaba de señalar Jorge acerca de la parte espacial, la parte del escenario, adquiere un simbolismo, una tercera dimensión en la que el lector vive. Miren, yo sé del Laborío y no he puesto mis pies allí. Conozco el puente de Guadalupe, aunque yo creo que nunca mis ojos lo han visto. Conozco el barrio San Francisco, de las casas de León, de sus puertas, de sus ventanas, de sus pollinos, de sus poyetes, qué sé yo… conozco el Sesteo y tengo ganas de ir de verdad a tomarme un fresco ahí. Conozco la carne enchorizada y nunca la he probado, porque además, las novelas de Gloria Elena dan hambre, a mí me dan muchísima hambre, en la casa de Augusta se come bien, ¿verdad Jorge?

J.Ch. -Sí, claro. León se transforma en metonimia de Nicaragua.

M.A. -Se come muy bien en la casa de Augusta. También hay todo un placer, una distinción muy especial de la gastronomía nicaragüense. Jorge, ¿que te gustó de los menúes de la Julia?

J.Ch. –Todo. Quiero anotar un elemento muy importante, efectivamente, aquí los objetos cobran vida. Es algo especial que solamente los buenos narradores pueden hacer; que el objeto que están describiendo desde el punto de vista literario, en su significante lingüístico, cobre volumen y un volumen a nuestros ojos, que despierta sensaciones, sabores, placeres, tristezas. Eso lo logra muy bien Gloria Elena, y por supuesto como dice María Amoretti, se come muy bien en casa de Augusta y Victoria, y uno quiere ir a comer sinceramente. Pero si querés sigamos con nuestra conversación. Hasta ahora hemos visto la continuidad entre estas dos novelas; ¿por qué no vemos sus diferencias?

M.A. -Hemos visto las similitudes y las homogeneidades existentes entre ambas novelas, como lo ha dicho Jorge. Creo que esto es muy importante porque todo autor tiene un proyecto, todo escritor quiere decir algo y sus obras tienen siempre el mismo mensaje, sólo que dicho de diversos modos; esto es lo que llamamos el proyecto ideológico del escritor en crítica literaria. León está en el centro de este proyecto ideológico de Gloria Elena, pero hay diferencias muy importantes entre estas dos novelas.

J.Ch. -Vos que has estudiado muy bien la primera novela de Gloria Elena, ¿habías visto que en La casa de los Mondragón se desarrollaba un tiempo folklórico?

M.A. -Sí, lo que en la crítica literaria conocemos con el nombre simple de costumbrismo. ¿Por qué? Porque era la historia de León al final del siglo XIX, en la época del nacimiento de las identidades nacionales, en la época del republicanismo. El género, el cronotopo como dice Bajtín, el filtro donde el autor mete toda la información y la acomoda de manera coherente era el costumbrismo. En esta otra novela hay una época de caos, una época de incertidumbre, una época en donde lo que antes nos divertía como ciencia ficción en la TV lo vemos como una realidad en la misma pantalla en que eso solía ser una ficción. Una época que nunca había vivido el hombre antes, en donde la capacidad de destrucción, en ciertos países -no quiero mencionar nombres- la capacidad de destrucción es tal que se dice que su arsenal es capaz de hacer explotar en mil pedazos este planeta veinte y nueve veces seguidas. La humanidad no había antes experimentado esta sensación; entonces el cronotopo, el molde, esa unidad de espacio-tiempo de la que habla Bajtín en la que toda novela establece su acontecer tiene que ser diferente, tiene que ser un molde, un filtro ajustado a la realidad de donde emerge esa novela.

J.Ch. -Estás planteando al fin y al cabo, lo que podría ser un cronotopo o el tema apocalíptico en la novela. La Nicaragua de finales del siglo XX demanda otro tiempo, en este caso escatológico, porque precisamente, en ella, lo importante es la fragmentariedad, el caos, la crisis. Eso se ve perfectamente en la temática de la novela, por los problemas que tiene José desde que está montado en el avión, podemos verlo como una crisis del personaje.

M.A. -En El sueño del ángel, contrario a la primera novela que tenía una narración un poco más tradicional, Gloria Elena entra a un campo diferente que el es campo experimental. La novela se ofrece de manera fragmentada para que el disfrute del lector consista en encontrar su propia articulación.

J.Ch. -En ese sentido esta novela implica un gran grado de experimentación literaria porque de alguna manera, cuando una novela es fragmentaria, cuando una novela se presenta como un collage, como lo es ésta, es necesario dar pistas suficientes, pistas para que el lector pueda armar la historia. En ella, nos convertimos, como quiere la novelística contemporánea, en un lector activo que arma el texto; aquí estamos siguiendo lo que significa el lector desde el punto de vista etimológico -lector significa en latín “el que arma, el que construye”- y nosotros tenemos que seguir el espacio novelesco para armar nuestra historia. Ahora bien, en ese sentido la novela nos anuncia un caos, una destrucción y eso es a lo que nos enfrentamos porque a los lectores nos descorazona completamente.

M.A. -En la novela hay un ángel que ciertamente es el que articula bastante todos estos fragmentos dispersos. Las historias más importantes son dos exilios: uno externo que sufre José y uno interior que sufre Augusta. Pero hay otras historias allí: aparece, ya casi al final de la novela, un tal Ernesto que resulta que está escribiendo una novela que no ha logrado armar. Tampoco hemos mencionado el que para mí es el personaje más importante de toda la novela, un personaje callejero de León que en la novela está un poco disfrazado -yo mañana comienzo a buscarlo a ver si me lo encuentro porque quiero conocerlo-. Él es don Fito, que en la novela está descrito de una manera muy especial. Yo le llamo casi el caballero de la triste figura, como Cervantes a su don Quijote. Él es un hombre alto, tal vez ustedes lo han visto por allí, es flaco y la calvicie le llega a la parte de atrás de la cabeza, donde se le hace media luna y le salen cuatro mechitas, canosas, que amarra en forma de cola de caballo. Es autodidacta y anda siempre metido en la biblioteca de la Universidad de León; lee que lee. La bibliotecaria le tiene lástima y hasta le enseñó algunos rudimentos para el manejo de la computadora; sabe manejar el programa word y hasta trabaja en Internet. El tipo vende su sapiencia en las casas de León por un plato de sopa, o sea, que entra a las casas y da unos enormes y bellísimos discursos que los va ensayando en las aceras. Trata de resolver problemas y entuertos como don Quijote; éste es el don Quijote leonés para mí y es el segundo ángel para mí; un ángel que efectivamente está interpretando las situaciones y problemas de cada personaje que encuentra en su andar de casa en casa. Al final la novela nos da una clave muy importante, nos enteramos de que llega don Fito a la casa de Honorio con un gran manuscrito debajo del brazo y nos dice: «Ernesto por fin terminó la novela porque yo le enseñé a usar la computadora». También nos enteramos por otras claves que hay en el texto que la novela que Ernesto acaba de terminar es la que tenemos en la mano. Ésa es mi hipótesis.

J.Ch. -Don Fito se presenta como un verdadero mediador y aglutinante de las historias. Tiene razón María en ese sentido, en verlo como un segundo ángel; pero yo lo vería como el que verdaderamente media entre todos los ámbitos sociales y el que media en ese mundo de León, el que media entre el espacio de la erudición y lo popular. Al mismo tiempo, esta mediación de don Fito es muy interesante porque él constantemente se introduce en las casas. ¿Por qué es interesante el hecho de que don Fito se introduzca en las casas de manera abrupta? Porque se nos presenta como el personaje que puede atravesar los distintos espacios de la novela; es un guiño de Gloria Elena a la novela experimental y a la novela de metaficción. Es precisamente este don Fito el que de alguna manera es mentor, pero también es mediador de la lectura: don Fito aparece como el que ayuda a Ernesto a armar su novela. Don Fito es un filtro para nosotros como lectores también. Es, me parece, un elemento de metaficcionalidad muy interesante porque hace que la producción de esta novela sea concebida por medio de un juego de escrituras. Si ustedes quieren, de lecturas-escrituras hasta llegar a lo que nosotros leemos como libro. Verdaderamente creo que tenemos razón en verlo como un mediador. Sin embargo, hay otro elemento que viene de la prosapia popular y carnavalesca, según lo plantea Mijail Bajtín. Es el hecho que Don Fito es un loco cuerdo; un loco porque todo el mundo lo ve como un loco enrevesado que cuenta historias a veces sin conexión; pero que al fin y al cabo dice grandes verdades, tanto para José como para Augusta. Estamos ante la presencia de un elemento del mundo del carnaval con don Fito, en tanto mediador de ambos mundos.

M.A. -El texto parece un texto huérfano, la mayoría de los personajes son huérfanos de alguna manera. A Augusta se le mueren los padres en el terremoto de Managua. Milagros es huérfana también y si no me equívoco es huérfano también Ernesto, huérfano tres veces; huérfano por el partido que lo dejó en orfandad, huérfano de su madre y huérfano del padre que él prácticamente mató simbólicamente, porque había sido guardia somocista. Hay una orfandad tremenda en la novela y el texto también es huérfano porque al final don Fito anda con el mamotreto ese, viendo a ver quién sirve de mecenas para la publicación de la novela. Quisiera leer un pedacito de un sueño que tiene José mientras está en el baño, no piensen mal. Este sueño se conecta precisamente con el gran marco apocalíptico que tiene toda la novela, los signos del apocalipsis son innumerables. Es más, la autora se asustó cuando le dije: ¿usted se ha dado cuenta de cuántos capítulos tiene el ángel en esta novela? Y me contestó: no, nunca los he contado… tiene siete capítulos, son exactamente los siete sellos que hay que abrir en el Apocalipsis para encontrar su revelación. Entonces, me dice la autora a contrapelo… ¿Y usted sabe cuántas letras tiene el nombre de Augusta? No, nunca las he contado le respondí; ella me respondió: siete letras. Hasta que da escalofrío. Bueno, le dije, deje de jugar con cosas así como el Apocalipsis porque si no va a ver lo que le va a pasar. Voy a leerles un pedacito del capítulo veinte y tres cuyo título es: José tiene un sueño con don Fito, donde salvan al género humano de sí mismos...
«Recordó la voz en el avión, la nube, el libro... Dio vuelta al grifo y el agua chorreó produciéndole placer. Dirigió la regadera hacia la pared, cerró los ojos y recostado experimentó una relajación hipnótica. El marasmo delicioso le disolvió en la corriente donde apareció don Fito desnudo, con aspecto de extraterrestre arrugado, color terracota, con puntos plateados en el corazón, las sienes, pulmones, estómago, hígado... la cola de caballo arrastraba ruidosamente latas y basura. Iba montado en un triciclo estilizado con paneles solares. Mojado y desnudo también, subió al estrambótico aparato que rodaba por calles desoladas. Luego, con la fuerza solar se elevaron, atravesaron el globo terráqueo y llegaron sin necesidad de sherpa hasta la cumbre del Everest, donde sintieron el viento helado de las nieves perpetuas del techo del mundo (…). Una corriente de espíritus los envolvió produciendo un clima que pudieran soportar sus cuerpos desnudos.
Pasaba un satélite y don Fito colocándose frente a él, dijo:
-Todos los seres que habitan entre el cielo y la zona interna del núcleo terrestre deben prosternarse ante el Dios Supremo, y pedir con toda la fuerza de la mente y del corazón que rompa esa fuerza maligna que nos acecha, que destruya esa enredadera venenosa de odio que se introduce por todas las latitudes en la historia y germina como un engendro desde dentro de los cuerpos formando generaciones perversas. Estamos destruyendo el mundo... Desde este momento, ¡háganlo!.
En QomolangaFengPuntaSabbioniUshuaiaLeónKamchat
kaMenphisSanMarcosMadisonLimaSanJoséMontrealNuevaYorkLeedsBosquimanosAmazonasTierradelFuegoMakkahRomaParísBuenosAiresGuadalajaraMoscúAnchorageAdelaideAucklandAntananarivoSriLankaWarszawaOrléansPrahaTorinoKanoLusakaColombiaPalestinaIsraelNigeriaChinaVenezuelaKosovoMacedoniaChecheniaJohannesburgE…
En todos los confines de La Tierra entendieron las palabras y obedientes hicieron lo indicado por aquél a quien llamaron profeta, extraterrestre, ángel, demonio, judío errante, anticristo, astrólogo, charlatán; no obstante, por si acaso, cayeron de rodillas: MusulmaneShinduístasJudíosCatólicosOrtodoxosProtestantesAnimistasBautistasMetodistasUnitasAnglicanosBudistasEspiritistasBudúsTaoístasPresbiterianosCongregacionistasSimkyosConfusionistasChamanistasArmeniosMaronitasLuteranosCoptosBaptistasEspiscopalianosCalvinistasParsismandeosBahaisZoroástricosCristianayHebreaSunitasShintoístasWahabitasChiítasMahayaCristianosLamaístas y hasta los que no tienen libros para fundamentar su creencia... besaron el suelo, los animales doblaron sus patas, los árboles arquearon sus tallos, los montes murmuraban, el viento susurraba, las olas reverenciaban, los peces doblaban su espinazo, las bacterias y los seres infinitesimales tenían movimientos a velocidades insospechadas clonaban hombres nuevos y seres mutantes salían de las chimeneas y sentinas.
Brotó un gran eco y una fuerza espiritual tomó la forma de halo que bordeó la esfera más allá de la atmósfera, como las auroras boreales, hasta formar el blanco. El monstruo negativo desapareció y los seres del planeta, libres, pintaban su mundo en Presente Inmóvil en una íntima comunión entre el hombre y el hombre; entre la naturaleza y el hombre, más una cantidad de puntos plateados que brillaron, señalando un futuro luminoso… Pero… una nube se acercó…
José, cerró la regadera, aturdido»...
¿Cómo queda uno?, aturdido también de un capitulazo como ése. Yo creo que este capítulo nos suena familiar por todo lo que el planeta ha vivido, por todo lo que el mundo ha vivido en los últimos tres meses, suena familiar, ¿verdad?.

J.Ch. -Pero hay un elemento importante que se ajusta muy bien a este cronotopo del apocalipsis que nos plantea la novela y es precisamente que aquí, en la lectura de este capítulo anterior, se plantea una lógica escatológica. De la destrucción que es el apocalipsis tiene que venir la construcción, el nacimiento, el resurgimiento, y precisamente por ahí podríamos replantear lo que era El sueño del ángel, ¿verdad? Un mundo más humano en donde precisamente todos seamos solidarios y ya no haya fronteras debido a fanatismos religiosos o a geografías, porque si se dieron cuenta, ahí se citan los cinco continentes, es decir, todos estamos hermanados. Esa sería tal vez la visión del ángel en tanto revelación del Apocalipsis.

M.A. -Y Gloria Elena se metió en cosa de hombres. Hace poco leí un libro donde se da un seguimiento a los tratamientos apocalípticos en la literatura latinoamericana y de Norteamérica; se señala casos de tratamiento apocalíptico que en su mayoría son realizados por hombres. Muy pocas mujeres escritoras se han metido con este tema; las hay en América Latina, pero son muy pocas. Los tratamientos apocalípticos en literatura que más conocemos, digamos los de mayor éxito, han sido de escritores varones. ¿Para qué se escribe con un cronotopo apocalíptico?, ¿qué es lo que quiere el escritor?, porque apocalipsis siempre hay, en todo momento estamos pensando en el final del mundo; sin embargo, el sentimiento apocalíptico aparece con mayor fuerza, se exacerba, en los momentos de final de siglo, y ahora de finales de milenio. Gloria Elena estaba muy consciente cuando escribió esta novela, a mí que no me venga con cuentos, cuando ella escribió esta novela sabía que era el año 2000. Así que, es una novela que nace en un momento donde hay una fuerte corriente apocalíptica. Sabemos que el apocalipsis ha tenido dos tradiciones fundamentales: una que es la noción que usan para meternos en miedo, para que nos arrepintamos ya, porque el final está ahí. Se trata de la corriente destruccionista, negativa y es usada para manipular a la gente; y una corriente que la misma Iglesia ha empleado, que es la corriente positiva; es el apocalipsis como esperanza. Los escritores que usan normalmente el apocalipsis en sus textos hablan justamente del final para evitarlo y la novela de Gloria Elena nos da una corriente apocalíptica totalmente esperanzadora. Totalmente positiva porque los personajes tienen por cierto un apocalipsis interior y la misma Nicaragua se retrata ahí también en apocalipsis, con todos sus fenómenos naturales: terremotos, huracanes y erupciones volcánicas. La revolución es una crisis más, un apocalipsis. La crisis interior de los personajes se resuelve con cosas muy simples en esta novela: un niño que nace y le recuerda a José que la patria está en cualquier sitio donde estén tus amores; o bien, una antigua amistad de la infancia renovada: Victoria Portinari y Augusta no se habían vuelto a encontrar y en este encuentro que narra la novela se da una confesión catártica de lo que cada una ha sufrido en su propio apocalipsis personal. Cosas muy simples resuelven el final: la amistad, la solidaridad, como decía Jorge.

J.Ch. -Sin embargo, hay un elemento adicional que no quiero dejar escapar y es precisamente otro elemento positivo: es el ángel que de nuevo tendrá una función; regresa al cielo y va a venir a la Tierra como guardián.

M.A. -El ángel guardián del nieto de José.

J.Ch. -Quería concluir con el hecho de que una novela de tipo apocalíptico tiene por fuerza que ser fragmentaria, tiene que llevar precisamente a desestabilizar las bases de todo lector. Eso es lo que hace precisamente El sueño del ángel; desestabilizarnos por completo con un juego fragmentario, caótico, que no tiene en manera alguna lógica lineal. La novela de Gloria Elena se enmarca dentro de las corrientes de la posmodernidad literaria, hay que decirlo abiertamente.

en ocasión del lanzamiento del libro El sueño del ángel de Gloria Elena Espinoza de Tercero, el día 25 de octubre de 2001 en el Paraninfo de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, León. 21 octubre 2001