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Yolanda Blanco: Con Mariana y Yolanda...


Por: Helena Ramos

Poeta, periodista cultural, investigadora y crítica literaria


Con Mariana y Yolanda...
León con su encanto lento, embebido de historia… León de Rubén Darío (1867-1916), de Alfonso Cortés (1893-1969), Salomón de la Selva (1893-1959)… y también de Antenor Sandino Hernández (1899-1969), Aura Rostand (1905-1959), Alicia Prado Sacasa (1918-2000)… Y, por supuesto, de Mariana Sansón (1918-2002), que ya se está convirtiendo en una especie de leyenda, aunque muchísimas personas aún la recuerdan viva y chispeante, con sus pintoresca apostura de dama leonesa, sus sorprendentes poesías, sus misteriosas historias que ella narraba siempre con cierta distancia, como si no le hubieran ocurrido a ella… No es que fuera fría o indiferente, todo lo contrario… pero sabía reírse de sí misma… la suya era una ironía benigna, sabrosa. ¡Hay tantas cosas que contar sobre Mariana!

Por eso cuando en 2002 la Asociación Nicaragüense de Escritoras (ANIDE), con el apoyo de Hivos de Holanda, estableció el Concurso Nacional de Poesía Escrita por Mujeres, le pusieron el nombre de esta singular poeta. Ya se celebraron tres ediciones del certamen. En 2003 fue premiado el poemario Si yo fuera una organillera de Carola Brantome (San Rafael del Sur, 1961); el año siguiente, Poemas de lo humano cotidiano de Ana Ilce Gómez (Masaya, 1945), y recientemente, De lo urbano y lo sagrado de Yolanda Blanco (Managua, 1954). Los tres ya fueron publicados bajo el sello editorial de ANIDE.

Una promesa más que cumplida

El 28 de mayo, en el Museo y Archivo Rubén Darío, dirigido por su fundador el Dr. Edgardo Buitrago, estudioso dariano y miembro de número de la Academia Nicaragüense de la Lengua, se llevaron a cabo la entrega del Premio Nacional de Poesía Mariana Sansón 2005 y la presentación del libro ganador.

Su autora vive desde 1985 en los Estados Unidos, nada menos que en Nueva York, pero logró asistir al evento. La ciudad de León y Mariana Sansón tienen para ella un significado entrañable. Aunque empezó a escribir versos en la adolescencia, tomó conciencia de su vocación poética precisamente en la metrópoli, mientras cursaba el año básico en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-León), adonde ingresó a estudiar Ciencias y Letras.

Su debut literario tuvo lugar a inicios de 1971 en la revista literaria de los estudiantes Taller. La sucinta presentación decía: “Muy joven. Esta espléndida muchacha escribe, con seriedad y temprana madurez, poesía y cuento. No es una promesa, es ya una cumplida realidad poética. Habrá que contar con ella en el futuro.” La nota no está firmada, pero se sabe ciertamente que quien la escribió fue Ramiro Argüello, quien en ese entonces era su Director junto al poeta Napoleón Fuentes.

Él puede sentirse satisfecho de que su intuición crítica no le ha fallado, pues Yolanda Blanco es una poeta con voz propia y cinco poemarios publicados: Así cuando la lluvia (León: Editorial Hospicio, 1974), Cerámica Sol (León: separata de Cuadernos Universitarios, Editorial Universitaria, UNAN-León, 1977), Penqueo en Nicaragua (Managua: Editorial Unión, 1981), Aposentos (Caracas: ConTextos del PEN Club de Venezuela, 1985) y De lo urbano y lo sagrado (Managua: Sello Editorial ANIDE, 2005).

Este último volumen, por decisión de su autora, lleva en la portada el cuadro Mujer sandía, acrílico de la esteliana Ligia Guillén, artista plástica y poeta que vive en los Estados Unidos.

Presencias

Pero ya es tiempo que volvamos a aquella tarde tibia de 28 de mayo… La casa colonial que alberga el Museo y Archivo Rubén Darío acogió al público en uno de sus anchurosos corredores. No fue ninguna molestia estar allí pero don Edgardo Buitrago no omitió mencionar en su discurso de bienvenida que anhela comprar aquella parte de la casa que todavía pertenece a particulares, para establecer allí un auditorio. Ojalá este deseo se cumpla lo antes posible.

Entretanto, en la casa número 8 de Altamira D’Este –dirección que dice mucho a quienes amamos la poesía– se ha instalado una oficina de Alianza por la República. Carlos Martínez Rivas (1924-1998) estará dando vueltas en su sepultura…

Ah, otra vez me aparté del tema. Pues bien, prosigo. El museo dariano es un lugar perfecto para entregar el Premio Mariana Sansón. La poeta siempre está presente allí, porque don Edgardo, su viudo, la recuerda con dulce intensidad y le resulta placentero evocarla. Además, este año hubo una razón especial para el regocijo: el Dr. Buitrago conoce a Yolanda Blanco desde hace muchos años, Mariana y él le ayudaron a dar los primeros pasos por la senda de la poesía… Fue un reencuentro muy cálido.

Reconocimientos

En nombre de ANIDE, hizo uso de la palabra la poeta Isolda Hurtado, Vicepresidenta y Directora Ejecutiva de la organización, quien repasó brevemente la historia del concurso y leyó poemas de Mariana Sansón.

Tras la lectura del Acta del Jurado, a Yolanda Blanco le fue entregado el correspondiente diploma. También recibió el suyo María del Carmen Pérez Cuadra (Jinotepe, 1971), que obtuvo una mención por el poemario Monstruo entre las piernas y otras escritoras antropomorfas. Marianela Corriols (Estelí, 1965), merecedora del mismo reconocimiento por Azul casi añil, no pudo acudir por encontrarse fuera del país. De seguro le hubiera gustado estar presente, pues ella también pasó sus años universitarios en León… Aunque la acotación que ahora voy a hacer no tiene nada que ver con la calidad literaria -y menos que nada, con el hecho de haber sido premiadas-, no dejo de señalar que las tres poetas galardonadas son integrantes de ANIDE.

De parte de la Fundación Ortiz-Gurdián, que provee la dotación monetaria del premio, hicieron acto de presencia el poeta Julio Valle-Castillo y Juanita Bermúdez, directora de la Galería Códice. Por Hivos de Holanda, llegó su representante en Nicaragua, Myriam Blanco.

Comparecieron tantas personas que no tendría sentido enumerarlas, pero quiero nombrar a uno de los concurrentes, porque él rara vez aparece por estos lados: Franklin Caldera (1949), crítico de cine, promotor cultural y poeta, que desde hace 20 años reside en Miami.

Invocaciones

La presentación del libro estuvo a cargo del poeta y médico pediatra Fernando Antonio Silva, quien también recuerda a Yolanda de los años 74 y 75, cuando ella impulsaba los primeros recitales colectivos de las entonces jóvenes poetas: Ligia Guillén, Karla Rodríguez, Vidaluz Meneses, Ana Ilce Gómez, Gioconda Belli y, claro está, la propia promotora. Aquella vez, Mariana Sansón “con una flor y la estampa de un beso”, pasó la estafeta a sus colegas y congéneres.

Entonces, cuando a Yolanda le tocó el turno de leer sus poemas ahora, en la entrega del premio que lleva el nombre de Mariana, invocó a la autora del Zoo fantástico en voz alta. No sería extraño que Mariana acudiera. Ella, que tenía el don de ver lo que nadie veía, bien podría llegar de su lontananza para escuchar a Yolanda.

Blanco también recordó que allá en los 70 en la casa de don Edgardo y su esposa vivía una lora parlanchina, que saludaba a las visitas con un “Hola, poeta”… ¡Sólo en Nicaragua y especialmente en León puede un ave tener tal vocabulario!

Confieso que antes de abandonar el recinto, sustraje una rosa color rojo pompeyano de un elegante arreglo floral que había enviado el presidente de la República, el Ing. Enrique Bolaños. Eso no sustituye políticas culturales adecuadas pero no deja de ser un bello gesto.

…El año que viene nos volveremos a ver, gracias a Mariana y ANIDE.

17 mayo 2006


Tomado del Semanario 7 Días. Edición 468 del 30 de mayo al 06 de junio del 2005. Managua, Nicaragua.